De esta terrible crisis económica debemos de salir reforzados en un doble sentido. Primero, dotándonos de los mecanismos adecuados para evitar timbas financieras entre canallas que pongan al borde del precipicio a la economía global. Segundo, superando el modelo (im)productivo del ladrillo especulativo y yéndonos a otro humanamente más sostenible y que contribuya de verdad a profundizar en el Estado del Bienestar creando riqueza.
Es un tren de alta velocidad económica que tiene parada con futuro en la educación, en el turismo diverso, en la dependencia, en las nuevas energías y en la sociedad de la información, entre otras. Estamos a tiempo de cogerlo. Es una oportunidad de oro y no debemos desaprovecharla.