Quedan dos años de legislatura y nos podríamos dar por muy satisfechos si, en ese tiempo, entre todos consiguiéramos sentar las bases de las reformas estructurales que necesita nuestro país –algunas de ellas ya emprendidas- para proyectarse con futuro en la primera parte del siglo XXI. Se trata de reinventarnos como democracia moderna aprovechando este momento crítico que vivimos. Además de hacer nuestros deberes, sin duda haríamos historia.
Éste es el listado de reformas pendientes en nuestra casa:
1º) Del sistema financiero, para hacerlo más solvente y, sobre todo, más previsible y fiable.
2º) Del Sistema de pensiones, para garantizar las de nuestros hijos y las de los hijos de nuestros hijos.
3º) De la Administración, particularmente de la de Justicia, para racionalizarla al servicio de los ciudadanos.
4º) Educativa, que ponga a la educación de calidad como el pilar principal de nuestro futuro progreso social y económico.
5º) De la sanidad, para hacerla más justa, equitativa y eficiente.
6º) Laboral, que nos haga a todos –no sólo a los trabajadores- mucho más productivos y nos lleve al pleno empleo.
7º) Local, para hacer posible que nuestros municipios y provincias sirvan con eficacia a sus vecinos.
8º) Verde, para hacer un país más sostenible y habitable.
9º) De la participación en democracia que permita profundizar en ella.
10º) Constitucional para actualizar el actual texto que ha contribuido, como ningún otro, a que escribamos la página más brillante de nuestra Historia.
Sobre todas estas reformas escribiré en los próximos días en este blog, en el bien entendido que me mueve nada más –y nada menos- que la consolidación y el perfeccionamiento de nuestro Estado de Bienestar, una conquista sin precedentes de la ciudadanía en democracia.