España está pisando fuerte en su presidencia europea en la lucha contra la violencia de género, una de las mayores lacras de las sociedades democráticas avanzadas. Más ambiciosa no puede ser la agenda que le ha marcado a la Unión para este semestre: en primer lugar, crear un Observatorio europeo de Violencia de Género al que llegue toda la información disponible sobre la materia que tengan los 27 y que permita más coordinación política y jurídica entre ellos; en segundo lugar, poner en marcha el teléfono único y gratuito 116016 de asistencia integral a las víctimas de la violencia machista; y en tercer y último lugar, hacer realidad la Orden de protección europea que permita que cualquier mujer goce del mismo grado de protección con independencia del país de origen y del lugar de residencia.
Y hay razones más que fundadas para esperar que estas iniciativas, que vienen avaladas por la exitosa experiencia previa española, cuajen y consoliden una única política preventiva y reactiva europea contra este mal social. Que Europa necesita mucha menos violencia machista de la que tiene y mucha más igualdad de género que la que hoy ofrece.






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