Una investigación judicial sobre corrupción política destapa posible corrupción en el fútbol español. El comodín, un empresario compravoluntades. Alguien ha dicho que ese fenómeno es más común de lo que parece. Y no es de extrañar porque es un escenario en el que se mueve mucho dinero y concurren personas de reputada falta de escrúpulos.
La reacción política, social y jurídica debe de ser firme y drástica, como cuando se da en otros ámbitos. Eso exige que cualquier mínimo indicio probatorio sea utilizado para aclarar lo ocurrido y, en su caso, para exigir la correspondiente responsabilidad. Con toda la fuerza y determinación que da el Estado de Derecho, con todas sus garantías obvio es. Y ahí han de poner toda la carne en el asador los jueces –no parece que esto esté ocurriendo en el caso Brugal-, los fiscales y, por supuesto, la autoridad administrativa llamada a velar por la limpieza del deporte del fútbol. Y deberían de ayudar los clubes deportivos que directa o indirectamente han hecho posible el terrible engaño colectivo.
Todos, sin excepción, debemos de practicar tolerancia cero con esta otra manera de corrupción humana.